Destino

20 10 2008

Disculpe las reiteradas cancelaciones de nuestros encuentros. Ya sabe que con tanto cambio de tiempo, uno empieza a flaquear ante la evidencia del otoño. He estado bastante acatarrado, no me sentía con fuerzas. Vaya, que lo siento… fuerza mayor. Pero, oiga, vengo con noticias frescas.

El prolongado dolor por el mensaje de Laia, que cuida una iaia, y la irregularidad de mis sentimientos hacia el sexo femenino, no me ha hecho desviar el interés sobre el acontecimiento con Mr. Mystic. El otro día volví a La Central del Raval y estuve paseando arriba y abajo pensando qué podría ser lo que la pista aquella indicaba. ¿La recuerda? “Veo que todavía crees en la magia”. No se, no me pareció que hubiera una sección de trucos, así que después de muchas vueltas y de quedar totalmente en ridículo ante el mostrador de consultar bibliográficas tras preguntar si tenían sección de magia o algo así, me disponía a cruzar las puertas corredizas de cristal, cuando el chico me soltó un, como no quiera alguna obra de David Copperfield. Ah, pues tal vez sí. Este era ese que le copió el nombre a un personaje de Dickens y que se había casado con Claudia Shiffer. Pues, resulta que también tenía una biografía, o más bien un libro de sus experiencias por el mundo de la magia. Un volumen narcisista que seguro que había escrito un negro, no un afroamericano, sino ese escritor que escribe libros que aparecen firmados por otro, que resulta ser famoso. Pero dentro de los ejemplares de Tales of the Impossible del estante no había nada que me llamara la atención, a no ser que tuviera que comprar el libro y leerlo. La verdad es que no me apetecía, pero para resolver el misterio eso no podía ser descartado. También pensé en pedir más ejemplares, pero lo lógico es que si habían dejado algo dentro de un libro, fuera el que estaba ya en el espacio de venta—suponiendo que siguiera el mismo modus operandi.— Otra cosa que no había contemplado es que en los días que llevaba inactivo en mi búsqueda alguien, o sea el destinatario, hubiera encontrado la pista o un cualquiera hubiera comprado el libro y tirado la pista a la basura. En tal caso, estaríamos hablando de una catástrofe. No se imagina con que bochorno me fui al mostrador de consultas bibliográficas a preguntarle al chico si podía concederme la información de cuando fue vendido el último ejemplar. En casos de preguntas muy extrañas, lo mejor es soltarlo con normalidad, sin intentar justificarse. El tipo parpadeó dos veces, tecleó algo en el ordenador y concluyó con la noticia balsámica. No se habían movido las existencias desde hacía tres meses. Lo siguiente era preguntar quien habría comprado ese librejo en pleno verano… ¡Un raro!

Descartado el comprador furtivo, pues tenía la opción de leerme y subrayarme el libro, algo de lo que no tenía ganas, como he dicho. ¿Ya ha encontrado la clave? Ya se la he dicho. Es como eso de, por un caminito estrecho va caminando un bicho… ¡Creía que era más ágil de mente! Pues, resulta que antes ya había pensado en Dickens y a Dickens me fui. Lo que pasa es que si sólo había un título del mago, las posibilidades editoriales de Dickens eran bastantes más. Crucé los dedos y empecé a buscar por mi mismo. Ahí sí que tenía herramientas para manejarme con independencia. No parecía haber nada entre las ediciones en lengua vernácula de Oxford, Phoenix y Longman. Hay que destacar, sin embargo, que había una edición en inglés de Penguin por 4 euros, cosa casi milagrosa, vistos los precios de la literatura en lengua original que se venden en Barcelona. En las traducciones, el chico de información me dijo que tenían o habían tenido las ediciones de Espasa Calpe, Juventud, Destino, DeBolsillo, Alba y Proa, en catalán. La de Proa, agotada. Estuve merodeando entre los libros en castellano y… ¡bingo! Al lado de un tocho envuelto en plástico, el libro de Destino mostraba el leve pliegue de un uso reciente. Dentro de esta edición de David Copperfield había otra pieza de papel con unos códigos misteriosos:

DS414.2 .D357 1994
DS414.2 .D35 1999
DS413 .L6818 1931

¿Le dicen algo? Vaya, se nota que hace tiempo que no pasa por la facultad. Veremos que es lo que esconden estas referencias, que claramente responden al sistema de catalogación de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. ¿Sabe? En mi universidad lo empezaron a utilizar hace algunos años y no es difícil deducir que los libros están en algún lugar de la UPF, que es la coeditora del libro. Llámeme naif, pero está más claro que el agua. Y no me diga que a usted no le parece una aventura excitante, lo mismo pensará que está algo sobado esto de dejar pistitas por le mundo, pero le aseguro que cuando uno está metido dentro del juego, es muy excitante. ¿Juega?

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