Asociación Fin de la Línea

13 10 2008

Tal vez le parezca un poco obsesivo compulsivo que tras mi historia del reloj de la parada de Valldaura, vuelva sobre la línea verde del metro de Barcelona. Tal vez lo sea, se lo confieso. Pero, es que últimamente el devenir de esta línea me tiene angustiado. ¿Sabía usted que la línea verde fue la primera en entrar en funcionamiento en Barcelona? Le llamaban el Gran Metro y sólo iba de Lesseps a Catalunya, Liceu o algo así. Me acuerdo que hace algunos años, no muchos, celebramos el 75 aniversario, un festejo que pasó algo inadvertido, creo. Bueno, pues el Ayuntamiento y demás administraciones que tienen alg que decir sobre los transportes públicos de nuestra ciudad han decidido entrometerse en el lento envejecer de la anciana de las líneas metropolitanas. ¿Se ha fijado el montón de reformas que está sufriendo la pobre línea?

Debe ser que usted no coge mucho el metro, porque sino se habría fijado. Empezaron con la renovación de la estación de Liceu, donde han puesto unos interesantes murales otoñales. Las hojas de plátanos ficticios caen siempre verdes (porque la línea es la que es) sobre los andenes repletos de turistas y locales, mucho inmigrante como corresponde a una parada ubicada donde el Raval respira. No se creo que no me gusta, me alegro que TMB (Totos Movem Barcelona) se haya fijado en esta estación que va de septiembre a diciembre y que se caracteriza, donde hay árboles de hoja caduca, por la caída de las hojas. Pero, ¿era necesario castigar a los ciudadanos, confesémoslo, mayoritariamente amantes del verano, con un otoño a perpetuidad? Y, luego, ¿desde cuando las hojas caen verdes de los árboles? Con todo, ya le digo, comparada con el estado de abandono previo, los accesos antediluvianos y la suciedad reinante, Liceu ha ganado con este otoño iluminado por fluorescentes.

Otra cosa bien distinta es lo que ocurre en Drassanes. A falta de los remates decorativos, la reforma parece bastante cutre. Estan recubriéndolo todo de una materia blanca extraña. Los bancos que ahora ocupan todo el recorrido de los andenes es de este mismo material y empieza a desconcharse. Tal vez falte el elemento que los convierta en permanentes, pero ahora mismo, parece más el resultado de un fracasado intento postmoderno que un lugar confortable para esperar el próximo tren, que visto como funciona el metro de Barcelona, a veces puede resultar un misterio.

También están sufriendo reformas el transbordo de Diagonal con la línea azul, muy concurrido, y que ahora se debe realizar por el exterior. No se atreven con el de Passeig de Gràcia, creo que por lo mítico de aquel pasillo interminable de techos bajos en cuyas vigas se pueden leer mensajes de amor o de protesta y cuyos paneles laterales tienen a veces la suerte de quedar cubiertos por campañas publicitarias del Año del Modernismo o de ONO según el mejor postor. En el centro suele haber un músico tocando en directo, allí donde el Ayuntamiento a puesto aquel simbolito de Músics al Metro. Cuando hay suerte, el tipo se merece las monedas. Sino, vas caminando por el interminable pasillo con la reverberación de su diabólico sonido en las profundidades del tímpano.

Pero, para que ocultarla la realidad. Lo que más me preocupa es un hecho sobre el que no he conseguido aglutinar ninguna simpatía ajena. ¡Han prolongado la línea dos paradas más! Todo el mundo se felicita porque después de 5 años haya alguna estación más… pero no se engañe. Las susodichas estaciones ya existían y tampoco es que vayan a mejorar sustancialmente la comunicación con el resto de la ciudad. Solo tienen una conexión más. Pero oiga, es que para satisfacer a cuatro vecinos que tomaran el metro de Roquetes—a estos solo les han cambiado de color la estación—y Trinitat Vella perjudican a tantos otros que sufrimos el síndrome de la narcolepsia nocturna postalcohólica. ¿Sabe la de veces que me he dormido de vuelta a casa y he tenido que volverme desde Canyelles caminando porque era el último metro? ¿O he llegado al final de la línea y he tenido que coger el otro tren para volver a mi parada, Valldaura? Incluso una vez me pasé de Valldaura y me desperté en Gracia, volví a coger el otro tren y, esta vez sí, conseguí alcanzar con éxito mi parada. Lo sé, me dirá que es culpa mía… pero no se engañe, los afortunados que viven cerca del centro pueden mantener la atención durante unos minutos para evitar el síndrome de la narcolepsia nocturna postalcohólica. Sin embargo, los que vivimos a más de 15 minutos, sucumbimos sin remedio al sueño y en muchas ocasiones nos despertamos en el extremo último de la línea. Si usted lo frecuentara, vería que se forman corrillos de gente adormilada que ha sufrido el mismo efecto y que charla desenfadada para pasar la angustia con la mínima ídem posible, aunque con algo de vergüenza. En Canyelles incluso habían nacido parejitas que después de no haberse comido un rosco, encontraban una extraña coincidencia en aquel traspié y salían juntos a desayunar antes de acostarse, cada uno en su casa o ambos en la de uno. Nunca se sabe…

No hay derecho, el Ayuntamiento está haciendo desaparecer los mitos de la noche barcelonesa. Amigos del corrillo de Canyelles, os comprendo y si queréis podemos fundar una ONG o una Asociación de Agravados os algo así, para ver si con los fondos de las administraciones públicas podemos alquilar un localito en Trinitat Nova como nuevo lugar de encuentro. Y si sobra algo, ¡podemos comprar unas birrillas!

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