Intelectuales 2.0

2 10 2008

Hace días le conté como ir a comprar libros. ¿Se acuerda? Luego, a propósito de Laia, de fatídica recordación, hablamos de las sesiones y como elegir. Ahora se lo digo como persona culta. El cine es, a día de hoy, una parte esencial de la figura de un intelectual. De todos modos, es mucho más moderno y entretenido confesarse cinéfilo que bibliófilo. Además, se puede ser cinéfilo pasivo, ir a la sala y dejarse bombardear por la historia. Así, directamente, sin paliativos. Y salir sin haber aprendido nada, sin haber cambiado lo más mínimo. Es difícil ser lector pasivo, porque al final siempre tiene uno que decidir coger el libro y dedicarle un buen rato a la lectura. Si el argumento no convence, ¿quién persevera en las páginas del libro? Usted tal vez aguante cien páginas. Yo acostumbro a permitir que me aburran el 50% del libro, si a la mitad no me ha interesado, lo siento por el autor. Seguro que tuvo muy buena intención con su relato, pero ha fracasado conmigo. Eso es lo bueno del arte, que puede convencer a unos y disgustar a otros sin grandes complicaciones.

Como le decía, en el cine puede ser usted un espectador activo o pasivo. ¿Esto le gustará tal vez a mis lectores japoneses gays? No sé, no había pensado en eso. Un espectador activo no es el que se pasa el rato comentando, mandando mensajes de texto, comiendo palomitas y sorbiendo ruidosamente su coca-cola tamaño gigante. Un espectador activo visiona con atención devota la obra de arte y considera sacrílega la actitud del individuo descrito anteriormente. Por suerte, las películas de arte y ensayo suelen proyectarse en salas donde las palomitas brillan por su ausencia. Adore siempre la conveniencia de los horarios y la programación de los Cines Verdi, meca de los largometrajes VOSE—versión original subtitulada en español.— Cuando nadie le vea y si la programación se lo permite vaya a los Icaria Yelmo Cineplex que tienen mejores precios, y palomitas, regaliz roja e incluso Magnum almendrado, aunque no tienen el caché de los primeros. Entre uno y otro quedan los Renoir Floridablanca y Les Corts que ofrecen una buena programación, con mejores salas que los Verdi, pero que por los azares de la vida han quedado a la sombra de los de Gracia. Y si no hay más remedio, o no le apetece estrujarse las neuronas leyendo subtítulos de una película iraní, pues dese una indulgencia con una sesión en un cine doblado, que también tiene derecho. Yo tuve mi etapa freak, en que sólo veía pelis subtituladas, pero dado la escasez de la oferta y los precios de las proyecciones de cine, voy donde puedo, cuando puedo, a pesar de la calidad del cine subtitulado y de la programación de los Verdi.

Lo bueno que tiene el cine es que permite ver algo comercial, de calidad, y que la gente no le tache a uno de basura intelectual. El cine es el único arte para el cual es lícito ser comercial. Si gusta demasiado al público, primero hay que ver a qué público. Si es a la frutera, la carnicera y la panadera, hay que evitar ir a verla o ir y no decirlo o ir y criticar con dureza el largometraje. ¿Sabe? Siempre se puede argüir eso de que no se puede criticar lo que no se ha visto. Es una técnica muy socorrida si usted se ha concedido una tarde con Mamma mia, una pésima elección, si debo serle sincero. Evidentemente, la he visto. En verano, cuesta encontrar una oferta atractiva en el cine. La mayoría de salas programan basuras incomibles o estrenos de verano con salmonelosis. No entiendo porque se decide que en los meses en que la gente está de vacaciones no se pueden sacar buenos títulos al mercado. Con suerte, usted vivirá cerca de algún cine donde se dignan a programar reposiciones en verano. Es la única forma de salvar la temporada. Siempre es mejor revisitar una película polaca, que tragarse Los albóndigas en remojo remasterizado y con Dolby Surround.

Le decía que Mamma Mía es una opción pésima. ¿No está de acuerdo? Mire, le sintetizo. Han elegido a actores de talla considerable—en muchos sentidos.—Hay que ver lo penosa que es la figura de Pierce Brosnan y Collin Firth en bañador. El mensaje es claro: todos terminaremos igual, aunque hayamos sido sex symbols de la gran pantalla. Hay algo por encima de los trajes de baño de los tres intérpretes masculinos que lo elegante y atractivo de los protagonistas nunca haría pensar. ¡Unos bartolos horrendos! Tampoco, Meryl Streep, una diva de la pantalla, luce una figura muy enseñable. Esta mujer que había sido mi icono cinematográfico se ha atrevido a ridiculizarse tanto a sí misma, que si yo fuera productor de Hollywood no la contrataría. Y si fuera un director de culto… simplemente intentaría hacerle vudú. Mi película favorita, Memorias de África, donde realiza una interpretación magistral, ha quedado manchada. ¿Un poco larga? Yo la encontré exacta, perfecta. Pero volvamos a la de ahora. ¿Por qué debían ponerse a cantar las canciones anticuadas de ABBA, que están metidas en el argumento con calzador, acompañados de un conjunto de bailarines vistosos pero que no llenan los decorados y un grupo de viejitos griegos que dan una imagen patética de la cuna de la civilización europea? Observe que los griegos aparecen de comparsita, excepto el gay que sale al final, pero no abre la boca, y no le digo con quien acaba, por si algún lector aún no la ha visto—a estas alturas ya debo tener algún lector cautivo.—Una vergüenza para Grecia, un bochorno para actores consagrados, una pena para el cine musical. Y que no me digan que es un divertimento, porque no me lo trago. Como diría Fernando Fernán Gómez: una mierda.

Por cierto, si tiene tiempo le recomiendo las sesiones de cine y desayuno de los cines Alexandra. Café, croissant y reposición. Una mañana perfecta.

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One response

14 02 2013
http://google.com

I desired to show this posting, “Intelectuales 2.0
LA VIDA LÁCTEA” together with my good friends on facebook.

I actuallymerely planned to distributed ur remarkable publishing!
Thx, Pamela

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