La bofetada de Mercè

25 09 2008

¿Se paseó ayer por la Mercè? No hacía demasiado buen día. Es lo que tiene celebrar las fiestas patronales a caballo entre el verano y el otoño. Nunca sabes como amanecerá el día; y ayer amaneció más bien nublado. Yo madrugué y lo vi venir, no por exceso de celo meteorológico, sino porque me habían ofrecido un empleillo de estos que se cobran por horas, que en mi situación actual no viene mal. Estuve medio día en el stand de la FAVB, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, una entidad donde sus miembros claramente prefirieron disfrutar de la fiesta que participar como voluntarios en tal espacio promocional. Vaya, que contrataron a jóvenes desempleados para que informaran sobre algo que les es bastante ajeno. ¿Ha visto usted alguna vez un presidente de escalera de 20 años? O bien les sobran los fondos, o bien las asociaciones de vecinos están bastante de capa caída, o sea no las asociaciones sino el voluntarismo de sus miembros, entiéndame. Personalmente, en mi escalera el movimiento asociativo no está muy en boga. Han terminado por establecer la presidencia rotatoria y obligada, para que ningún vecino se escaquee. Si no ejerces, te toca pagar el doble de la cuota de escalera, lo que se ha convertido en el gran contraceptivo del absentismo escaleril.

Oiga, pues más de 10 euros la hora pagan los de la FAVB y además es un stand que te permite un minuto de gloria. Se comentaba que los políticos municipales adoraban el stand y no se puede imaginar… Vecinos para informarse no pasaron muchos, pero políticos todos. Así que me tocó empollarme las grandes consecuciones de la FAVB en el último año por si tenía que contárselo a un representante del pueblo, que dado su trabajo debería saber más que yo sobre el tema; o mejor, a un representante del pueblo perseguido por un cámara ya fuera de la televisión local o autonómica. El espacio estaba bajo una carpa blanca, un poco estilo haima sahariana, enfrente del stand de una de esas cosas que nunca te hubieras imaginado que existía: la FOCIR, Federación de Organizaciones Catalanas Internacionalmente Reconocidas. El stand estaba emparedado entre el Habitat del Triangle y las Federaciones de ONG contra el hambre, a favor del desarrollo, contra la discriminación, en defensa del medio ambiente y demás. Un lugar interesante, aunque con una corriente bastante acusada que provocaba el continuo levantamiento del folleto, un nuevo deporte olímpico. Resulta que a los de la FAVB no se les había ocurrido traer unos pesos para presionar a los huidizos trípticos de suborganizaciones de barrio, así que me pasé la mañana medio tiritando, augurando lluvia y recogiendo papeles de los alrededores del stand, mientras los de la FOCIR me mostraban con sorna sus piedras new age para sostener folletos de los masones, la asociación de esperantistas y algunas cosas más.

Lo cierto es que abrir el stand fue un subidón de adrenalina. Antes que los políticos, antes que el público en general, llegan a este tipo de acontecimientos unos individuos extraños, otramente llamados freaks. ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría presentarse a las 11 de la mañana de un día festivo en plena Plaza de Cataluña, al borde de la lluvia, para visitar una feria de asociaciones? ¿A usted? No, a usted no. A mi tampoco. A gente sola, a algunos tarados aburridos y a auténticos freaks entre los que se encuentran los coleccionistas de puntos de libros, de pins, de calendarios y demás utillaje típico de las ferias de muestras. ¡Señores, si algún día me leen, que sepan que la diferencia entre una feria de muestras y una de asociaciones es esta! Empresa quiere clientes, empresa tiene dinero, empresa hace merchandising. Asociación quiere socios y voluntarios, asociación no tiene dinero, asociación explica lo justo de forma impresa y el cuento de la lechera oralmente. Creo que este resumen básico puede aclarar el porqué en Montjuic hay puntos de libro y en el stand de la FAVB no los hay. La gente pedía bolsas, bolígrafos, pegatinas, imanes, etc. ¿Información? Ah, eso no. La información sobre qué hacía la FAVB estaba reservada para los politiquillos.

El freak madrugador simplemente acapara materiales impresos. Pasea aleatoriamente de federación en asociación, de ONG en club, para hacerse con la mayor cantidad posible de papeles, que después carreteará a casa sin mucho más recorrido que del comedor a la basura, si es que realmente tiene casa. Esperemos que sea cual sea su situación en cuanto a la vivienda se refiere, tenga la decencia cívica de reciclarlos. ¡Tengo mis dudas! El freak madrugador, le decía, acapara información escrita y su sistema de selección de dípticos, trípticos, folletos y desplegables es curioso. Con mi compañera de stand, Elena para más señas, estuvimos observando como varios monstruitos mañaneros observaban los materiales expuestos. A primer golpe de vista, uno hubiera dicho que los elegían al tun tun, sin más. Pero un análisis pormenorizado, indica que los folletos con más fotografías, montados adecuadamente y con papeles de calidades varias, pero con alguna característica sobresaliente tal como relieve, satinados, formas extrañas, tienen un éxito rotundo. El título y el tema son lo menos importante. Los programas de actividades amarillos canario fueron los más solicitados, a pesar de anunciar unas jornadas sobre las ciudades en el siglo XXI que no parecían el foro de debate más adecuado para los freaks madrugadores. En cambio, el pequeño papel que anunciaba los comedores sociales, el tríptico de hotspots municipales de la ciudad y otros similares, con una clara labor social de interés general, no tuvieron el menor efecto sobre los cogepapeles.

Con todo, lo peor llegó tras atender a un par de disminuidas psíquicas que solicitaron el tocho del catálogo completo de asociaciones y luego se liaron a darse en la cabeza con él. Vaya, una le daba a la otra, que aparentemente le había dicho que no se lo daríamos. ¿Se imagina la imagen? Dos disminuidas dandose en tu espacio con una especie de listín telefónico. No intervinimos, pero no se si hubieramos tenido que hacer algo. La agredida no pareció quejarse. ¡Qué difícil es estar cara al público! Y como le decía, lo siguiente fue que un hombre nos dio el chaparrón sobre la situación de los alquileres. El viejecito, en un primer momento pensé que entrañable, nos soltó su diatriba contra los jóvenes que no sabíamos nada porque los alquileres eran lo pero de este mundo y después confesó que era propietario y que alquilaba a los precios del mercado porque así se sacaba unos ingresos extras. Vaya, un caradura, que además roció con sus babillas la primera línea de información del stand. Pero, la cosa fue a más. Don Manuel, llamémosle, continuó atacando a la juventud, llamándonos analfabetos en diversas ocasiones y pasó a meterse con las vecinas bolivianas a las cuales catalogó de “peores que los animales”, no por considerarlas de una raza inferior, eso jamás, que no es nada políticamente correcto. Su problema con las bolivianas eran dos: no se habían presentado a los vecinos de la escalera en un año y subían a hombres a casa. La tensión en el stand iba subiendo y empezamos a ser el centro de atención de los alegres paseantes. Pero la culminación de mi paciencia llegó con la afirmación: “un hombre y una mujer no pueden ser amigos, entre un hombre y una mujer o hay sexo o no hay ná”. Y ahí, ya rayando la furia, le solté que efectivamente, yo con mi compañera de stand iba a follar en cuanto termináramos el turno en un cuartito que muy amablemente le abrí para que lo viera, mientras nuestros substitutos seguían repartiendo octavillas. Entiendo que eso fue imperdonable, totalmente fuera de lugar. Pero, oiga, entonces todo se aceleró: ella me miró fogosa, él me miró censurador, yo me intenté explicar ante la mirada atónita de decenas de espectadores con niños y con nervios dije que no, que nunca tendría sexo con esta chica que había conocido justo esa mañana, que eso era imposible y que por favor se fuera. Él se fue lanzando improperios, ella me miró con odio y me soltó un bofetón y en aquel momento de gran ridículo público levanté la cabeza para ver como Jordi Hereu hacía su entrada triunfal al stand de la FAVB. Siempre queda bien hablar con los vecinos. Un stand como la vida misma. Racismo, xenofobia, violencia doméstica, hurtos. Sonreí a la cámara de BTV que lo había filmado todo. Ese fue mi minuto de gloria.

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One response

28 09 2008
ariadna

ojalá Laia, la que cuida a una iaia, viese tu minuto de gloria… la tendrías en el bote y desesperada por cambiar su lugar con tu compañera de stand 😉

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