Instrucciones para ser un perfecto intelectual

1 09 2008

¿Sigue perteneciendo a mi audiencia potencial? Me alegro. Hoy venía con una buena historia que contar y se me ha olvidado por el camino. Además llego tarde. Veo que no le importa, se ha traído un libro. Pero, diga, ¿es un libro decorativo, de esos que uno sostiene para aparentar que lee, o lo está leyendo de verdad? No hemos venido a hablar de usted. ¡Tiene razón! Es algo que yo hago. A veces cargo el bolso con más de un libro, a sabiendas que no voy a tener tiempo de abrirlos. Simplemente me acompañan. Le diría que es una licencia que doy a mi soledad o igual intento hacer algo de ejercicio acarreando el peso del papel sobre mi espalda. El peso del papel, del conocimiento universal condensado en aquella novela de un escritor japonés que acaban de traducir. ¿No me diga que usted no hace eso? Muéstreme lo que está leyendo. Vaya, me ha decepcionado. El último premio Planeta. Lo que yo le diga, decepcionante.

Si usted quisiera crear un aura de interés a su alrededor intentaría sorprenderme con algo más innovador, elitista o aplastantemente clásico. Esta es una táctica que el humanista de pro debe dominar. Le confieso que a mi no me gusta leer, lo hago porque me obliga mi profesión, en un sentido general. ¡No pregunte! Del trabajo, le hablo en otra ocasión. La gente espera algo de un intelectual. Digamos que soy un intelectual en formación. No hay intelectuales de veinte años, pero con veinte años puedes forjarte el personaje de un intelectual. Mire, lo que tiene que hacer es seguir levemente las tendencias. Paséese por un par de librerías del centro, donde tienen las últimas novedades apiladas en grandes montones a la entrada. Cójalas y léase las contraportadas. Eso siempre da una idea de los argumentos generales de lo que se lleva. Luego, deje los libros en su lugar y abomine de ellos en cualquier pequeño círculo en el que salga el tema literario. Es una pena que últimamente la lectura vaya tan de capa caída, porque hay que ampliar el campo de investigación sobre las tendencias: lo que se ve, lo que se lee, lo que se oye… Usted ya me entiende. Con todo, a veces sirve de algo haber invertido los viajes de metro de la última semana en pasar páginas de un libro ¿Qué debe leer entonces? Pues mire, yo le recomiendo que aproveche la visita a la gran librería para hacerse una idea de lo que se vende, luego se dirija a la sección de bolsillo y observe que es lo que está más publicado en barato. Eso es lo que verdaderamente ha triunfado. Ahora se lleva mucho Paul Auster, ¿se ha fijado? Bueno, pues del autor que copa los estantes de bolsillo tiene que leerse un par de ejemplares. Es imprescindible tener una opinión de lo que ha triunfado. De las novedades, no. Con abominar de ellas es suficiente. Además eso le ahogaría el presupuesto literario del mes. Márquese un presupuesto, sino se plantará en la librería equivocada y comprará demasiado o demasiado poco.

Hay librerías equivocadas, claro. El local es importante. No es lo mismo comprar una edición de bolsillo de Julian Barnes en la FNAC que en La Central. Las tiendas tienen un aura también. Los intelectuales compran en La Central o en alguna pequeña librería escondida en un barrio bohemio, pongamos por caso, el Raval—si tiene una librería de barrio de confianza, le concedo la licencia.—Uno no puede salir de una librería como La Central con un solo libro. A La Central vaya a recrearse en la parte estética de la compra. Aparente que lee las contraportadas, merodee por la sección de fotografía—eso siempre añade un elemento de prestigio,—pregunte por alguna rareza en información. Lo bueno que tienen estas librerías es que en información saben algo de literatura. En la Formiga d’Or a veces no saben decirte si existe traducción de Saramago al portugués, una vergüenza.

¿Qué comprar? Pues mire, yo le recomendaría que tuviera sus autores de cabecera. Patricia Highsmith o Danielle Steel no son un autor de cabecera, que quede claro. Debe buscar alguien ya consagrado, a poder ser sin un premio Nobel. Saramago tiene un premio Nobel, pero me sirve. Debe ser un autor con carácter, personalidad, un estilo definido. Le diría que Baricco es un buen ejemplo. El hombre no escribe mal. ¿Sabe que tiene un taller de escritura creativa en Torino? Siempre hay que usar el topónimo en lengua original a ser posible. Me gustan sus historias. Las construye magistralmente, para luego hacerlas subir como un soufflé. Pero no sabe terminarlas. Cuando te vas a comer el soufflé, pues te explota en la cara. Pero vaya, Baricco me sirve, y a usted también le sirve. La gente le respetará por su buen gusto, es un autor muy de moda en la joven escena intelectual, alternativa, pobretona y progre. Anagrama Compacta, 6 euros. Pagable y leíble. Compre sus libros en etapas, no se compre toda la bibliografía de golpe. Siempre puede decir que le faltaba ese u otro título y que está deseando que publique la nueva novela—la cual comprará en edición de lujo, claro.— En mi caso, Baricco y Barnes se han convertido en los autores de cabecera. Pero siempre me descuelgo con algún clásico. El último ha sido Mientras agonizo de Faulkner, pero no sería raro que me leyera la Ilíada en breve, o Rayuela de Cortázar. Son obras que siempre debe tener en cola—si puede ser no las compre el día de la compra estética o si le pillan diga que los clásicos siempre hay que recuperarlos o releerlos o actualizarlos o que ha salido una preciosa edición o una nueva traducción mejorada o alguna bobada similar.—Finalmente, elija al azar algunos libros que acaben de salir, de autores que sólo tengan uno en el catálogo de bolsillo, asiáticos a poder ser—o árabes.—La intelectualidad siempre está necesitada de descubrimientos y como hoy en día casi todo está descubierto, al menos intente que lo exótico del nombre le sirva para darse aires de experto. La mayoría de veces le parecerá terriblemente malo el libro, déjelo no tiene que leerlo entero, pero prepárese unas cuatro o cinco líneas con su opinión formada acerca de la nueva literatura japonesa. Otro día le hablaré de lo que pienso sobre Japón, evidentemente tengo una opinión formada sobre eso. Yo sólo he descubierto a Arundhati Roy. Me leí el Dios de las pequeñas cosas mucho antes de que la gran audiencia fuera seducida por lo bonito del título. Su magia en el domino de las palabras, su narrativa rompedora y extremadamente expresiva lo han convertido en mi gran recomendación. El título gusta y la historia casi siempre atrapa. Lástima que sólo escribiera una novela. Me he leído sus artículos periodísticos, pero eso no vende como la literatura, ¿sabe? Los demás intentos por abrir camino que he realizado por mi cuenta han sido bastante frustrantes. En cambio, acostumbro a seguir los consejos de amigos y conocidos que apuntan hacia aquí o allí; a veces termino satisfecho, a veces dejo de hablarles. La mayoría de veces me aburro como una ostra. Banana Yoshimoto es un caso paradigmático. Me leí Kitchen después de ver la gran aceptación que había tenido entre mis amigos japoneses. Algún día le resumiré el libro, pero le advierto que si lo tiene en su lista de lecturas es un error en mayúsculas. Cuando a uno no le gusta un libro del que ha recibido buenas críticas debe optar por la vía masoquista: comprarse otro del mismo autor o autora y corroborar o corregir su opinión general. La mayoría de veces el segundo lo deja a las cien páginas. ¡Eso es corroborar!

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6 responses

1 09 2008
Pinto

Pues yo ahora estoy leyendo:
The time traveller’s Wife, de Audrey Nieffeneger.

Muchas veces hemos leído sobre las aventuras y desventuras de algún que otro viajero en el tiempo… pero, alguien preguntó alguna vez a su mujer cómo se lleva esto?

(^o^)

2 09 2008
Ailatan

No llegaré a ser una gra intelectual…se me acabaron las ganas de intentarlo… demasiado trabajo!

5 09 2008
sònia

Supongo que has leido a Patricia Highsmith para decir lo que dices… ¿o no? No lo colocaria NUNCA al nivel de DanielLLE Steel… y he leido a las dos.
Me reservo la opinión sobre los perfectos intelectuales… nunca entienden el sarcasmo cuando se refiere a ellos…

5 09 2008
Brig

Querida Sonia.

Siento haberte ofendido, no era mi intención. Pero querría que supieras que ambas han salido en coleccionse por fascículos, lo que me ha empujado a poner sus dos estilos, muy divergentes, yuxtapuestos.

Como podrás observar he apreciado tu corrección y la he incluído en mi texto.

Espero que me sigas, a pesar de nuestros desencuentros…

P.S. Amiga ailatan, no cejes en tu empeño…

5 09 2008
sònia

Querido Brig,
que sepas que la Ilíada, Saramago y Benedetti también, incluso algunos de ellos eran empaquetados los domingos con el períodico (cuando todavia la gente compraba libros) junto con un cacharro de cocina o una fuente ensaladera… a veces, entre la porqueria del mundo, hay perlas que asoman…
Después de comentarme el comentario, halagada, seguiré leyendote… y no pienses que nos desencontramos, imperfecto intelectual…

9 09 2008
Brig

Sònia es evidente que no has visto el anuncio de Nestea

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