Hoy empieza todo

25 08 2008

Brígido Juan, sí, sí, Brígido. Es un nombre peculiar y, no, Juan no es mi segundo nombre, es el apellido. No es extraño que se extrañe. Mucha gente lo hace. Brígido no resulta un nombre muy favorecedor, no le parece? Nada favorecedor diría yo. Mis padres no lo tuvieron muy en cuenta cuando lo eligieron de una lista en el registro. Eso cuenta mi padre—que me tuvieron 10 días sin nombre y me llamaban el niño. Por aquél entonces era pleno mes de agosto toda la familia había venido a visitarnos y el jaleo imperaba entre las paredes de la casa del pueblo. Mi madre se recuperaba y mi padre intentaba hacer de buen anfitrión y se olvidó de ponerme nombre. Resulta que habían tenido trifulcas familiares sobre el tema. Mis hermanos apostaban por cosas horripilantes del tipo Cristopher o Sandalio. Digno de las peores teleseries americanas y de dibujos animados españoles. Ni en V ni en los Fruitis tenían nombres tan patéticos—vale, en los Fruitis sí, me acuerdo de la canción “Sandalio y Mochilo, siempre van con Pincho”, pero eso fue mucho después de nacer yo.—Mi madre seguía empeñada en que sería una niña y le pondrían Cristina. Cuando se empecina en algo, es difícil sacarla de sus trece. Total que cuando me vio la pirula se debió quedar a cuadros y no fue capaz de expresarse en una u otra dirección. Así que seguía sin nombre cuando a mi padre le paso por la cabeza que se les agotaba el periodo para inscribirme como nuevo miembro de este mundo. Y cuando el funcionario de turno tras sus gruesas gafas veladas le pidió el nombre, mi padre, que siempre ha sabido sacar tiempo para tomar decisiones trascendentes, le pidió una lista completita de todos los que se podían elegir. Me pregunto como sería esa lista. Tal vez fue en plan papel continuo de impresora o en plan listín telefónico. ¿Qué se habrá hecho del papel continuo de impresora? ¡Qué gran invento! Perdón, sigamos. No sé para que la quería completa, si luego debió posar el dedo sobre una página y la abrió al azar y volvió a poner el dedo a ver donde la fortuna caía, porque si no, ¿quién, en su sano juicio, podría comprender que eligiera un nombre tan feo? Tan profundamente feo. Dice que cuando volvió a casa mi madre le preguntó extasiada como le había puesto al niño, a mi, y que casi se desmaya cuando oyó que el elegido fue Brígido. Brígido, dios mío, ¡pero si ni tan siquiera aparece en el santoral! ¿Sí que aparece? ¿23 de julio? Del celta Brigith, significa “aquél que es poderoso”. Ahí me ha pillado. Pues deje que me queje de otro modo. ¡Pero si no hay ni tan sólo forma de abreviarlo para que suene eufónico!

 

Bueno, eso tampoco es cierto. Me hago llamar Brig. Como comprenderá ni Brigi, ni Gido, servían para nada. Y no me gusta que me llamen por le apellido, como ya relataré más adelante. Brig, con una ge que tiende a gutural, no queda exento de burlas y problemáticas varias. De pequeño, coincidí con el boom del tetrabrick de leche. Lo cierto es que hasta finales de los 80 el tetrabrik era un total desconocido en mi pueblo de Girona. La gente todavía iba a la lechería de vez en cuando y el día que se intentó vender la leche embotellada en plástico muchos comentaros que empeoraba el sabor una barbaridad. Luego vino el tetrabrik, que como ya habrá observado suena exactamente igual que Brig. Así que me hicieron chistes en la escuela, chistes hasta la saciedad. Los niños son poco imaginativos, si no se meten con tus gafas, con tus kilos de más o con tus kilos de menos, intentan hacer rimillas estúpidas con tu apellido o le sacan punta al parecido de tu nombre con un envase de leche. Yo sufrí estoicamente las bromitas y al final incluso le cogí cariño al nombre. De hecho, le he cogido cariño al nombre. Pero no acaba ahí el recochineo. Parece ser que en los noventa fue el boom de los quesos franceses. ¿Ya ve por donde voy? El brie, sí, sí, el brie. Diga que ahí la similitud ya está más cogida por los pelos. Yo también lo creo así, pero no me exime de explicarme. Cuando me presento a la gente, la gente de buen rollo, y les digo llámame Brig, todavía los hay que comentan como el envase de leche o como el queso. Es bastante frustrante la inevitable vinculación con el mundo de los lácteos, pero como le comenté antes, al final incluso le coges cariño y de tanto repetirlo te parece una apostilla necesaria a toda presentación en sociedad.

 

Algo parecido resulta cuando tengo que decir el nombre completo. Brígido Juan. ¿Que qué tiene de malo? Bueno Brígido Juan implica que la gente educada te llame señor Juan. No sé en su pueblo, pero en el mío había ciertas personas de edades muy avanzadas que tenían el honor de ser llamadas por su nombre de pila. El señor Juan, la señora María, la señora Encarna, el señor Félix… Eran muy pocas las autoridades dignas de tal tratamiento y un chico de 27 años—¿aparento más? ¿No me diga? Estoy envejeciendo mal… —no es digno de esos modales. Así que si el susodicho acierta y me empieza a tratar de Señor Juan me acuerdo del viejecito medio ciego abandonado por sus hijos con quien mi madre tenía algunas atenciones, más por pena que por otra cosa. La mayoría de veces me piden el apellido. Yo digo, me llamo Brígido Juan… y la gente responde ¿y de apellido?. A veces responden ¡Que nombre más feo! ¿Y de apellido? A veces dicen ¿Cómo? Pero es extraña la ocasión en que no tengo que volverlo a repetir. Incluso a deletrear. Es increíble lo difícil que resulta para algunas personas reconocer los sonidos formantes de una palabra. Lo sé, me va a decir que a usted también se le había planteado la duda de si Brígido va con ge o con jota. Pero es que a mi me preguntan si Brígido va con be o con uve. ¿Que no se lo cree? ¡Créaselo! Tenía un amigo, allí en el pueblo, que se llamaba Pareta. De apellido, claro. Ya ve que no hay muchos problemas en reconocer las sílabas formantes de esta palabra. Primero va pa, como en patata, luego re como en rebuzno—no le ha gustado el ejemplo, lo siento—como en rebanada y acaba con ta como taladro. Yo no le veo la complicación, a no ser por la escasez de personas con ese apellido. El pobre estaba desesperado cada vez que tenía que ir a una administración o llamar para cambiar la tarifa del contrato del móvil. De verdad, hay veces que uno piensa que les hacen un test a estas personas que están en atención al público para que sean lo más catetas posibles, para que desesperen al público, a ver si así deja de aparecer en escena y la administración o la compañía XXX puede ahorrarse un dinero. Pues ya le digo, con Brígido y con Juan me han pasado mil anécdotas de este tipo.

 

La última fue la película. Ya habrá notado la similitud de mi nombre con el de Bridget Jones—sé que primero fue el libro, también sé que hay dos, déjeme terminar.— Le decía que yo también lo noté. Ve, este es otro caso de cosa estúpida con la que te hacen tantas bromas que al final le coges cariño. Le he cogido cariño a la histérica pedorra solterona y necesitada de marido. Qué imagen más deplorable de los solteros, bueno, de las mujeres solteras. Y que cabrona la tía—lo siento no debería decir tacos, al menos no tan pronto en mi relato, puede ahuyentar a la audiencia, lo tendré en cuenta.— Le dan un revés en el trabajo y de coger el teléfono pasa a hacer entrevistas en la tele. Tal vez eso pase en Londres, pero no en Barcelona. En Barcelona la vida de un soltero graduado sin mucha experiencia ni buenos contactos pasa por etapas algo más sórdidas y menos glamourosas y los candidatos y candidatas a novios o novias y maridos o mujeres, quedan muy lejos de ser magnates de los negocios petrolíferos, presentadores de televisión o abogados de derechos humanos. He aquí toda la verdad, mi verdad, sobre como es la vida de un urbanita de clase media baja en la Barcelona del 2000 y pico, jo como pasa el tiempo. Por favor, llámeme Brig y tráteme de tu.

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4 responses

25 08 2008
ariadna

hola Brig, yo también he sufrido en silencio al ver mi nombre y apellido escritos de las maneras más inverosímiles posibles… ¡me declaro fan tuya y de tus aventuras! más, por favor, y bienvenido a la blogosfera 🙂

26 08 2008
km000

Soy un gran fan de Bridget. Espero que no nos decepciones.

27 08 2008
Lletres i vi

Brig, ¡cuántas ganas tengo de compartir una botella de vino contigo! Mientras me conformo con seguir tus relatos ( de una añada excepcional ) des de la lejanía. OLÉ TO YOURSELF!!!

27 08 2008
Pinto

Brig! Estamos contigo y tu problemática onomástica!
(^o^)

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